La Salve, un tributo dominicano a Nuestra Señora de la Altagracia

21 enero, 2024

Como cada 21 de enero, todos los caminos conducen hasta Higüey, en donde se encuentra el santuario más importante a “la Virgen de La Altagracia”, declarada madre espiritual del pueblo dominicano.

Se trata de la Basílica o Catedral Nuestra Señora de La Altagracia, inaugurada en el año 1971 y punto culminante de las peregrinaciones de centenares de fieles dominicanos, cargados de promesas, ofrendas y devoción, amén de respuestas de índole religioso a distintos tipos de problemas del día a día.

Igual que cada “Día de Tatica” (nombre afectivo dado por el pueblo dominicano a la veneración) se escucharán en los alrededores de la Basílica a grupos interpretando salves, una de las manifestaciones musicales con mayor presencia en todo el territorio dominicano.

Y es que la Salve refleja el sincretismo mágico religioso presente en nuestra religiosidad popular porque en ella se encuentra el componente católico mezclado con los elementos de la cultura afrocaribeña.

En efecto, los principales investigadores del fenómeno, como la antropóloga Marta Ellen Davis han encontrado grupos, principalmente femeninos, cantando salves y tocando panderos en campos ubicados en las diferentes regiones del país no solo con motivo del día de la Virgen de la Altagracia, sino también en el día de Nuestra Señora de Las Mercedes (24 de septiembre), como también en las “velaciones” o “velas”, ya sea por celebración de los nueve días por la muerte de alguna persona en la comunidad o las de ofrecimiento, cuya motivación va desde agradecimiento al santo de devoción de quien la ofrece o para pedir que llueva o el éxito en una empresa.

En el libro “Voces del Purgatorio: Estudio de la salve dominicana” (1979), Davis define que la salve es denominada como tal porque ésta originalmente consistía en versiones musicales del texto de la oración “Salve Regina” de origen eclesiástico.

Continúa la antropóloga estadounidense diciendo que, al pasarse al contexto del ritual del catolicismo popular, la misma “parece haberse hecho menos rígida”. Por tanto, en República Dominicana, la salve, difundida desde el catolicismo formal al popular, “comprende todo un espectro de gran variación”.

 

 

Y es que la Salve guarda un estrecho vínculo con la religiosidad popular, manifestado en que sus cantos han ido cambiando con el tiempo porque este género musical ofrece la apertura a la improvisación y la creatividad.

Al respecto, la antropóloga social Tahira Vargas señala que, si bien muchas salves están dirigidas a la Virgen desde sus distintas manifestaciones, otras contienen textos que integran otros elementos de la religiosidad popular como también de la cotidianidad.

Continúa señalando que la reproducción historia de este género musical popular se debe principalmente a las mujeres campesinas “que son las principales portadoras de esta expresión identitaria de nuestra cultura social”.

“Detrás de la Salve hay un liderazgo femenino rural que la sustenta y la mantiene en forma dinámica con cambios en su estructura musical y en los textos como todas las manifestaciones musicales y artísticas”, agrega.